Ítaca,, en la cultura de occidente, connota meta, llegada, logro. El poema, sin embargo, coloca el énfasis en la importancia del recorrido, un camino que debe estar abierto a todos las experiencias que constituyen la vida, los goces del mundo, la adquisición de conocimiento, los deleites humanos y los contratiempos del camino, que el poeta asocia con los seres hostiles de Homero, los lestrigones, cíclopes y el Dios Poseidón, que complica el trayecto de Ulises hacia Ítaca.

Sin embargo, hace énfasis en que no se debe olvidar el propósito del viaje; “Ten siempre en tu mente a Ítaca.  Llegar ahí es tu destino.”… Los Sueños son la fuerza que nos empuja al camino “…Ítaca te ha dado el bello viaje…” El trayecto es la celebración de la vida y sus muchos deleites y pormenores.  La poesía, le permite a cada lector evocar a Ítaca con matices personalizados, darle al camino de sus sueños y al éxito un significado muy personal.

En los últimos tiempos la imagen del manager ha empeorado. Todo empieza con la crisis financiera americana cuando se ha sabido que los ejecutivos de los grandes bancos que han llevado a la ruina a sus clientes tuvieron salarios de millones de dólares y en la quiebra se asignaron indemnizaciones increíbles.

Pero también en Europa se ha visto que, durante la crisis, generalmente los retribuciones y los bonus de los top manager de las grandes empresas no se han tocado, mientras los de otros trabajadores, funcionarios, empleados, autónomos, se han visto reducidos y muchos han perdido su trabajo.

La injusticia es que, los grandes managers no pagan por los errores que han cometido.

Es justo diferenciar también, entre aquellos que ganan millones de euros al año y la inmensa mayoría de los managers que en cambio tienen salarios más modestos.

He conocido algunos managers arrogantes, con poca visión y demostrando el tipo de educación que han recibido y no me refiero a las materias técnicas, a la ingeniería, a la economía, al derecho, etc., pero sí se ve que han descuidado, la formación de su personalidad.

Todo nosotros sabemos que hay personas fuertes, intensamente honestas, que saben afrontar los problemas más difíciles, que tratan a los demás, respetando la dignidad y hacen emerger de si mismos lo mejor.

Todos tenemos capacidades, virtudes que pueden aflorarse y defectos que podemos corregir. En la etapa de nuestros estudios que van desde los elementales a la universidad, se debería enseñar, sobre todo, que aquellas personas que tendrán tareas de mando, cómo construir una personalidad fuerte, armónica y como cultivarla en el tiempo. Como refinar la misma sensibilidad, ejercer la misma inteligencia, abrir la misma mente a lo nuevo, ha escuchar, a ser sinceros consigo mismos y conservar una limpieza interior que nos permita valorar hombres y situaciones de modo objetivo, buscando siempre las experiencias. Quien piensa que es perfecto será arrogante y todo lo que toque se contaminará.

¿Qué debe hacer el jefe? Conocer el entorno en el que se mueve su empresa, entender que está haciendo, ver los errores, saber dónde se tiene que ir y marcar el camino. En una empresa del sector del consumo, tiene que ser capaz de intuir qué puede interesar a los consumidores, en política qué desean los electores y como hablarles para convencerles, etc.

Pero para descubrirlo no bastan las búsquedas demoscópicas o de mercado, los cálculos y los razonamientos de los hombres de la mercadotecnia, las fórmulas de los directores de ventas, los engaños de los publicistas. Para descubrirlo hace falta una visión del mundo, una comprensión profunda del ser humano y la dirección del cambio.

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El Viaje a Ítaca (3/3)