Cuando a una persona se le asigna cualquiera cargo, presidente, director general, director de un área de negocio, etc., se le otorga un poder. ¿Se convierte entonces en un líder, automáticamente?

La persona tiene la posibilidad de tomar decisiones, dar órdenes, etc. Pero hay una gran diferencia si su título y su poder sólo son legitimados por los que lo han nombrado o por el contrario, son aceptados y reconocidos por sus colaboradores y por las personas de su entorno. Quien consigue este reconocimiento es un líder.

El líder indica la meta y transmite a cada nivel de la organización la importancia, el valor de lo que está haciendo, crea entusiasmo y orgullo de pertenencia, y hace producir su inteligencia y prodiga sus mejores energías. El líder no tiene miedo de elegir a las personas más creativas, dotadas de autonomía de juicio porque sabe cómo conducirla.

El estado mayor de las grandes empresas de éxito siempre esta formado por directivos de primer nivel, a los que el líder tiene constantemente informado y con quienes consulta las decisiones importantes en un clima de respeto y armonía. Es una construcción coral de la que él es el director de orquesta. La empresa se convierte entonces en una comunidad a la que todos están orgullosos de pertenecer, porque viven su éxito.

Desafortunadamente no todos los managers logran hacerse líderes. Son inseguros, no logran proponerse metas elevadas, tienen miedo de fracasar, frenan la creatividad. Cuando eligen a los colaboradores, sólo lo hacen con los que consideran que son inferiores a ellos. Y no dan nunca toda la información, porque la tienen como si fuese una oculta alhaja. No discuten con los demás, no les consultan, no delegan nada, sólo dan órdenes perentorias. Cuando ve que alguno de sus ejecutivos tiene éxito y es apreciado, tiene miedo que pueda superarle, que pueda hacerle sombra y entonces, trata de liberarse de él.

¿Usted puede aprender a convertirse en un líder? Es difícil, pero se puede hacer aprendiendo a trabajar en equipo, es decir, teniendo los mismos colaboradores, dándoles todas las informaciones, discutiendo conjuntamente los problemas y asignando en público, a cada uno, sus tareas. Y, mas tarde, verificando juntos los resultados, de modo que todos se sientan partícipes. Entonces reconocerán en él, a un sabio guía.

Francesco Alberoni (dirigenti che non sanno fare squadra) www.corriere.it/alberoni.